La pasión según G.H. de Clarice Lispector
La novela nace de un gesto tan cotidiano como entrar a un cuarto, pero dentro de esa habitación le espera a G.H. un encuentro que la invita a enfrentar algo que tal vez había estado evitando durante mucho tiempo. ¿Quién no ha entrado a una habitación esperando que sea de cierto modo y se ve sobrecogido por todo lo contrario? La luz o la oscuridad te invaden, el frío o el calor se sienten profundamente, el soplo del viento o la quietud te aprietan, rincones en la habitación atraen poderosamente tu vista. Y puede ser agradable o desagradable, pero es una sensación de descubrimiento y, más aún, te da inquietud porque sabes que lo que vas a descubrir no es solamente el entorno que te rodea, sino que las sensaciones que te provoca te llevarán a un viaje interno donde tendrás que recorrer caminos que habías evitado por mucho tiempo. Tal vez existe un punto en el que puedes evitar seguir avanzando y puedes regresar a tu cómoda —o incómoda pero conocida— vida, pero cuando ya estás ahí sabes que lo que debes hacer es avanzar.
¿Alguna vez has sentido que lo primitivo de la vida te toca? Eso que se siente puro y primitivo y que ni siquiera puedes poner en palabras, como cuando fui a Mazamitla y la pantera bebé me vio a los ojos. Me sobrepasó, pero al mismo tiempo me repuse de inmediato porque había mucha humanidad alrededor de mí que no me dejó quedarme dentro de sus ojos; para los demás ni siquiera pasó nada. Pues bueno, a G.H. le pasó algo mucho mayor: vio lo primitivo en un ser que es sumamente primitivo y que además era producto de miedo, asco y horror para ella desde siempre: una cucaracha.
La parte de su identidad que se desmorona primero es su moral. La invadió el deseo de matar a la cucaracha y en su mente solo había eso de manera pura. Quién sabe, si la hubiera matado en el primer intento este libro no habría existido y G.H. se habría repuesto pronto, pero no la mató; solo la atrapó entre la puerta del armario y empezó a brotarle la vida desde su interior.
Esta historia es completamente experiencia, pero también es completamente racional porque está basada en la vida, en conclusiones que se desprenden de la mente una vez que experimentas lo que te rodea. Todo es tan lógico como decir que si lanzas una manzana hacia arriba va a caer. Lo que descubrió G.H. está destinado a golpearnos mínimamente una vez en nuestra existencia. Pero es una experiencia tan irremediable que tal vez inconscientemente la evitamos; por eso siempre queremos estar ocupados y nos da miedo tener tiempo libre, porque no sabemos ser libres.
De la protagonista de esta historia no hace falta ni siquiera saber su nombre, solo sus iniciales, sobre todo porque casualmente una de ellas coincide conmigo y yo sentí todo esto tan personal que también me resultó muy natural. Además, cuando tengo miedo yo también imagino una mano que busca la mía para tomarme fuerte; igual no tiene rostro porque no he conocido a nadie que pueda ser esa mano.
Yo le tengo un miedo y un asco a un insecto que no es la cucaracha, porque donde yo vivo no hay cucarachas, pero le tengo miedo a los pinacates. Son como un tanque en miniatura. Es impresionante el ruido que hacen una vez que entran a una casa volando: chocan con algo y caen. Muchos dicen que lo que digo no es verdad, pero varias veces han entrado a mi habitación por la noche y escucho cómo empiezan a hacer ruido entre mi librero. No sé por qué se atreven a tocar mi librero, pero siempre llegan ahí. Y otra cosa que tampoco me van a creer: siempre entran de dos. Estéticamente se podría decir que son bonitos, completamente negros, brillantes, robustos, de cuerpo ovalado y caparazón duro. Pero además no son tan indefensos como mi papá dice, porque si se sienten amenazados tienen un mecanismo de defensa que les permite lanzar un aroma horrible, muy penetrante, que odio.
Yo lo siento sumamente personal cuando entran a mi habitación, porque de toda la casa el único lugar al que entran es precisamente ahí. ¿Qué buscan? ¿A mí? Para la próxima vez que sea temporada y empiecen a llover del cielo, se escurran por debajo de la puerta y se dirijan directamente a mi espacio, no les tendré miedo; dejaré que me invada el deseo de matarlos y luego veré cómo ellos destruyen mi “yo” o me brindan una revelación de algo más profundo.
El asco juega un papel fundamental en la transformación de G.H. Ella lo dice:
Por el momento, el primer placer tímido que siento es el de constatar que he perdido el miedo a lo feo.
De pronto, el asco que sentía por la cucaracha y por lo que emanaba de ella al ser aplastada por la puerta del armario se convertía en fascinación. Y esa fascinación le abrió la puerta a ver la verdad. Luego, ella llega a la conclusión de que la verdad no es buena ni mala, simplemente es. Creo que a muchos nos da miedo y por eso tratamos de ocultarla. El asunto de la cucaracha no podía ser disfrazado: era real, era algo vivo agonizando. Eso que estaba viendo, tan asqueroso, le permitía ver un reflejo de su propia naturaleza. Todo eso se convertía en una oportunidad para dejar lo humano a un lado y ver la vida, lo divino y lo primitivo.
Siento en este relato una conexión profunda con el concepto de “existencia sin esencia”: lo que existe simplemente es, no requiere ni siquiera que lo nombremos. Todos existimos y luego tenemos una esencia.
Pero este tipo de revelaciones se da solo por casualidad, cuando la realidad te choca. Cuando algo se sale de tus límites, te sobrepasa y se mete dentro. A G.H. le llegó cuando abrió la habitación y vio algo completamente contrario a lo que esperaba. Ella quería limpiar porque eso le permitía sentir que tenía control de su casa y, sin embargo, cuando abrió la puerta se encontró con que esa habitación ya estaba limpia. Dentro de todo, ella esperaba encontrar algo que pudiera ordenar aún, pero no algo tan contrastante como una cucaracha, que además era el objeto de su miedo.
La imagen más fuerte y simbólica de la novela es cuando G.H. se come la materia blanca que sale del interior de la cucaracha. Eso significa una renuncia a su identidad y a lo humano: es abrazar la náusea, adoptar una libertad radical fuera de las convenciones sociales y racionales.
He dicho más arriba en este relato que esta es una experiencia que cualquier persona puede vivir; sin embargo, para vivirla tienes que permitir que una cucaracha te haga pensar sobre cosas divinas, que te lleve a reflexionar sobre Dios, sobre la naturaleza del hombre, la mujer, el perro, el desierto y las cucarachas.
