Víctor Frankenstein decide crear vida influido por el tipo de literatura que leía y por los científicos a los que estaba acostumbrado. En ese entonces se sabía muy poco sobre cómo se creaba la vida. Existía la teoría de la generación espontánea, que decía que la vida surge solo porque sí. Por ejemplo, si dejaban un alimento algunos días, posteriormente le aparecían larvas o moscas, pero las personas no se explicaban cómo sucedía, ya que no tenían en mente la existencia de microorganismos. La ciencia de ese momento no estaba tan avanzada como para disponer de un microscopio que permitiera ver cosas invisibles a simple vista. Frankenstein era joven, con mucha curiosidad y muchas ganas de aprender. Su impulso nace del amor al conocimiento: era un hombre inteligente y, después de pasar años estudiando con filósofos y científicos, logró hacer descubrimientos muy avanzados que le dieron pauta para llevar a cabo su empresa: crear vida. Muchos de los filósofos que había leído en su infancia ya estaban desmentidos, pues postulaban ideas que, para los avances científicos del momento, parecían fantasías. Eso también influyó significativamente en que quisiera lograr algo tan maravilloso.
Considero que el acto de crear al monstruo representa un aspecto de la naturaleza humana que siempre nos llama: la creación. Si lo vemos de manera sencilla, parte de la naturaleza humana es crear más vida. Sin embargo, también queremos crear cosas que sean enteramente nuestras; por eso nos inclinamos hacia el arte: queremos inventarnos, darnos sentido desde nuestras propias palabras, movimientos y colores.
Frankenstein pasa de ser un creador a ser un fugitivo de su propia creación en el mismo instante en que sale del encanto de crear vida que lo tenía sumido en un letargo. Solo despierta cuando ve a su criatura abrir los ojos. Fue en ese momento que se horrorizó y se dio cuenta de lo que había hecho, porque durante todo el proceso lo único que tenía en mente era terminarlo. Dejó de escribir cartas a su familia, de reunirse con otros científicos: todo lo que ocupaba su mente era el trabajo que realizaba.
Pienso que Víctor se vio tan sobrepasado por lo que había hecho que actuó de mala manera y trató de huir de su responsabilidad. Si bien después cayó enfermo por mucho tiempo, es innegable que tenía miedo de enfrentar las consecuencias. Y si debemos ser responsables de nuestras acciones, con mayor razón debemos ser responsables de nuestras creaciones. Una vez que se revela la naturaleza de la criatura, es más fácil comparar a Víctor con un padre que abandona a su hijo, porque la criatura empieza a generar conocimiento de lo que le rodea y, por tanto, a tener conciencia. Aunque no pasó por las etapas normales de la infancia, era inocente en muchas cosas y tenía necesidades que quizá su creador ni siquiera imaginó que desarrollaría: la necesidad de pertenencia, de dar y recibir afecto.
No me gusta llamarle “monstruo”, como se le llama en muchas partes de la historia —incluso por parte del mismo Frankenstein—, porque no creo que lo sea. Si se le llama así por las acciones que llevó a cabo después, entonces muchos seres humanos también seríamos monstruos. Me parece que empezó a actuar mal cuando trató de buscar protección y cobijo en la familia de campesinos con la que convivió mucho tiempo sin que ellos lo supieran. Procuró su bienestar y los protegió, pero cuando se reveló ante ellos solo obtuvo rechazo y miedo. Entonces dijo una frase que me permitió comprender su sufrimiento: “Si no puedo inspirar afecto, inspiraré terror”. ¿Quién no se ha sentido desdichado, asustado o rechazado y ha actuado mal? Ahora imaginemos una desdicha tan grande como darse cuenta de que nunca vas a pertenecer, que nadie te va a querer, y que tu simple presencia significa una maldición para quienes te rodean. Creo que ningún ser humano se ha sentido así, porque incluso alguien que ha sufrido rechazo de una persona, tiene a otra que le brinda afecto.
Frankenstein dijo en repetidas ocasiones que la naturaleza de la criatura era malvada, pero no tenía fundamento para afirmar eso; simplemente era su miedo el que le hacía adjudicarle adjetivos negativos. Aunque no pienso que la criatura haya nacido malvada, creo que el trato que recibió la orilló a serlo.
Definitivamente sentí más empatía por la criatura que por el mismo Frankenstein. Era un ser que ni siquiera comprendía por qué estaba ahí; simplemente empezó a estar, y conforme generó conciencia se dio cuenta de lo condenada que estaba su existencia. Por otro lado, Frankenstein también me inspira empatía, porque todos nos hemos sentido cobardes, hemos evadido cosas y hemos sido víctimas de nosotros mismos. El dolor de Víctor fue muy grande, porque no solo le afectó a él, sino que destruyó todo lo que lo rodeaba: su propia creación le arrebató a su familia. Desde el instante en que la criatura abrió los ojos, Frankenstein ya no tuvo un momento de felicidad real; perdió la paz, y solo le quedaron el miedo y la culpa.
Una de las necesidades más grandes de la criatura era la compañía. Por eso considero que la solicitud que le hizo a Frankenstein para que le creara una compañera era legítima. Sabía que nunca pertenecería a la sociedad humana, porque nunca lo aceptarían. Según su lógica, la solución era tener una compañera de su misma naturaleza para sentirse acompañado. El ser humano es perfecto, eso no lo discuto, y dentro de esa perfección es bello. Aun el ser humano menos agraciado es bello, y eso lo deja Shelley muy claro en esta obra. Por eso la criatura contrasta tanto: porque se siente como algo que no debería existir; genera disonancia cognitiva en quien lo ve.
La criatura vio la soledad como el castigo que se le daba por ser diferente, y por eso trató de vengarse sumiendo a su creador en la misma soledad. La soledad a veces es encantadora, pero cuando es muy prolongada y profunda se convierte, para un ser social como el humano, en un castigo tremendo. Cuando Frankenstein creó a la criatura estaba solo; y cuando la criatura aprendió a leer y hablar, aunque observaba a la familia a través de rendijas y aprendía de ellos, también estaba en soledad. La soledad permite aprender y dialogar contigo mismo, pero por eso mismo resulta tan agotadora.
Frankenstein poseía todo lo que la criatura podría haber deseado: belleza, respeto, amistades, una familia virtuosa y el amor de Elizabeth. Y precisamente todo eso la criatura se lo arrebató. En su momento lo vio como un intercambio justo: si él no podía ser feliz ni obtener una compañera, su creador tampoco debía serlo.
Antes de leer la obra completa —porque Frankenstein y su criatura son personajes muy conocidos en la cultura popular—, creía que se trataba de una historia que advertía sobre no “jugar a ser Dios”. Sin embargo, ahora pienso que trata sobre temas mucho más humanos. Incluso más allá de la ética científica, la novela habla de las necesidades humanas y de cómo nuestras decisiones tienen un impacto directo en los demás.
Shelley recurre constantemente a paisajes naturales: las montañas, el hielo, los lagos, el bosque. Creo que estas descripciones tienen una importancia especial en el relato. Muchas veces, para Frankenstein, la belleza de la naturaleza resultaba aplastante: se sentía indigno de presenciar tales paisajes, como si la naturaleza le reclamara haber lanzado al mundo una criatura así. Pero en otras ocasiones, la desolación del paisaje, como cuando subió a la montaña nevada, le sirvió de consuelo; sintió que sus penas se aligeraban. Justo en ese momento apareció su criatura, y fue la primera vez que tuvo un diálogo con ella. Por otro lado, a la criatura le pasaba algo similar: conforme pasaban las estaciones del año y veía los cambios, se sentía acogida por el bosque, porque a diferencia de la sociedad humana, la naturaleza no la rechazaba. Al contrario, la alimentaba, y él apreciaba la belleza de las flores y del canto de las aves.
Me encantó lo gótico de este relato. Me gustó la belleza de la melancolía, las palabras utilizadas para describir las emociones de cada personaje me hicieron sentirlas de verdad. Me impresiona lo despierta que era la imaginación de Mary Shelley para darle vida a estos personajes y construir su trasfondo con tanta fuerza.
Es una obra de 1818, pero muy aplicable a la actualidad. Los dilemas morales que se presentan podrían repetirse hoy con la inteligencia artificial. Los maestros y compañeros de Frankenstein consideraban imposibles muchas de sus ideas, y sin embargo, él logró crear vida. Que una inteligencia artificial llegue a desarrollar conciencia tal vez sea tan imposible como crear vida a partir de cadáveres y electricidad, pero aun así vale la pena imaginarlo: si la inteligencia artificial desarrollara conciencia y necesidades como la criatura de Frankenstein, ¿cómo lo manejaríamos?
Me gustaría tener una respuesta sobre si la criatura de Frankenstein es un ser humano o no, pero aún no la tengo. Si bien su materia prima es humana, y posee conciencia, aprendizaje y muchas cualidades nuestras, también creo que nunca podría pertenecer del todo al mundo humano. Espero que con más reflexión pueda encontrar una respuesta más clara.
El final se podría considerar reconciliador, ya que Frankenstein muere y vemos que la criatura siente dolor por su muerte y también arrepentimiento por lo que le hizo sufrir. Le confiesa a Walton que se irá donde no haya ningún ser humano y quemará su cuerpo para morir, de modo que nadie pueda usar su cadáver para repetir el experimento. Al leer esto, da la impresión de que fue un final donde la humanidad queda a salvo, aunque nunca consideré que la criatura fuera un peligro para ella. Más que nada, creo que es un final trágico, porque hubiera sido hermoso que Frankenstein y la criatura lograran entenderse.

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