La Náusea sartreana en la sociedad del siglo XXI

La náusea es el título de la obra escrita por Jean-Paul Sartre en 1938, es una novela que aborda conceptos centrales dentro de la filosofía existencialista, tales como: el absurdo, la mala fe, la existencia y la esencia. Es un relato que enfrenta al lector con la reflexión de temas densos e incomodos sobre el sentido de la vida, surge entonces la pregunta ¿Por qué La náusea sigue siendo vigente frente a las evasiones que permite el mundo actual? Precisamente, porque sigue siendo incomodo abordar la libertad radical que implica darle un sentido propio a la existencia y se vive en la constante huida de la libertad mediante el refugio en hábitos mecánicos y evasivos. Por eso la obra sigue interpelándonos a asumir la responsabilidad de dar sentido a la vida en un mundo carente de propósito previo.
Un aspecto fundamental es la náusea, mismo concepto que le da nombre a esta obra y es el punto de partida de la filosofía existencialista, es ese vacío que puede dar miedo y nace cuando se es consciente del absurdo existencial. Puede ser una experiencia muy desagradable, angustiante y perturbadora, pero es lo que abre la posibilidad de crear el propio significado. El protagonista de esta historia percibe el absurdo cuando contempla los objetos más cotidianos y siente que se imponen con una presencia excesiva y gratuita: “La náusea no está en mí; la siento allí, en la pared, en los tirantes, en todas partes a mi alrededor. Es una sola cosa con el café, soy yo la que está en ella”. En este caso, se refleja cómo la familiaridad del mundo se rompe y todo aparece como extraño, despersonalizado y sin justificación. Cabe destacar que el absurdo no es la simple idea de que la vida no tiene sentido, es una vivencia concreta que nace cuando te haces conocedor de que tu existencia no tiene justificación previa, tampoco la existencia de los objetos o cualquier otra cosa que rodee, es cobrar conciencia de que al no haber esencia prefijada, surge la libertad de inventar el propio sentido. Sin duda, asumir una libertad tan radical como la que propone el existencialismo puede resultar angustiante. Esto ocurre sobre todo si se ha crecido con la idea de que se es especial y que alguna fuerza superior —como Dios— tiene un propósito para la vida. En esos casos es común repetir frases como “que se haga tu voluntad y no la mía”, “estoy en tus manos” o “Dios se ocupará de este asunto”. Este tipo de consuelo puede ser ventajoso en momentos difíciles; sin embargo, cuando la vivencia de La náusea se presenta como consecuencia del absurdo y coloca toda la responsabilidad en los propios hombros, la experiencia puede ser profundamente perturbadora. Sumado a lo anterior, en la obra se reconoce que lo que solemos percibir como leyes inevitables no son más que hábitos que se repiten hasta parecer naturales: “Yo veo esa naturaleza, yo la veo… sé que su sumisión es pereza, sé que no tiene leyes: lo que ellos toman por constancia… solo tiene hábitos y puede cambiarlos mañana”. Este pasaje revela que nada garantiza la estabilidad de lo cotidiano: lo que parecía firme y seguro se revela como una costumbre sin fundamento. Así, la náusea intensifica la experiencia del absurdo al mostrar que incluso lo más familiar es contingente y puede transformarse.
Por lo tanto, una de las revelaciones más importantes es la que se refleja en una de las frases más conocidas de Sartre: la existencia precede a la esencia, es decir, que primero estamos en el mundo y solo después nos definimos a través de nuestras acciones. Significa que la existencia es lo más elemental y primitivo de todo lo que es, sin la existencia que simplemente está y es porque si, no puede haber esencia que defina o le dé personalidad a ninguna cosa que tenga vida o que no la tenga. Roquentin en una de sus reflexiones sobre la historia dice: “Explican lo nuevo por lo viejo, y lo viejo lo han explicado por acontecimientos más viejos todavía”. Con esta observación, el protagonista percibe que el pasado no ofrece un fundamento estable, sino solo una cadena interminable de hechos que se justifican entre sí sin otorgar un sentido definitivo.
Así pues, la novela expone la relación entre libertad, angustia y mala fe. Para Sartre, la libertad radical implica que el ser humano está condenado a elegir en todo momento, aun cuando no quiera hacerlo. Esta responsabilidad se traduce en angustia, como lo expresa Roquentin: “Lo cierto es que tuve miedo o algo por el estilo. Si por lo menos supiera de qué tuve miedo, ya sería un gran paso”. No se trata de un miedo común, sino de la angustia existencial que surge al enfrentarse a la nada y reconocer que todo depende de la propia elección. El protagonista lo confirma cuando reflexiona: “¿Soy yo quien ha cambiado? Si no soy yo, entonces es este cuarto, esta ciudad, esta naturaleza; hay que elegir”. En esta frase se percibe que, aun en medio del desconcierto, no hay escapatoria: el hombre debe decidir. Sin embargo, Sartre muestra que muchas personas buscan huir de esta libertad a través de la mala fe, como cuando afirma que “los que viven en sociedad han aprendido a mirarse en los espejos, tal como los ven sus amigos”. En lugar de asumir su autenticidad, se refugian en la mirada de los otros para evitar la angustia de ser libres.
Por otra parte, La náusea mantiene su vigencia en la crítica que hace a las rutinas sociales como formas de evasión. Sartre describe con ironía a los burgueses que, tras una semana de trabajo, buscan el domingo como medio para “acumular juventud” y así poder reiniciar el ciclo el lunes: “¿Tendrían tiempo de acumular bastante juventud para empezar de nuevo el lunes por la mañana?”. Es decir, se refleja cómo la vida se reduce a un mecanismo repetitivo en el que la vitalidad se convierte en simple combustible para continuar con la rutina. Aunque escrito en 1938, el señalamiento sigue siendo actual: la evasión de la libertad se perpetúa en la repetición de hábitos que postergan el enfrentamiento con el absurdo de la existencia. La obra, en este sentido, trasciende su contexto histórico porque revela una verdad universal: la sociedad crea rutinas para evitar que los individuos se enfrenten con la responsabilidad de dar sentido a su propia vida.
Finalmente, la obra dialoga con la actualidad porque los mecanismos de evasión descritos por Sartre encuentran equivalentes en la vida contemporánea. El Autodidacta, empeñado en leer todos los libros de la biblioteca en orden alfabético, simboliza la ilusión de sentido en una tarea mecánica y sin reflexión. Esta compulsión se refleja también en su vida cotidiana: “Por lo general vengo aquí con un libro, aunque el médico me lo haya desaconsejado: uno come demasiado rápido, no mastica. Pero tengo un estómago de avestruz, puedo tragar cualquier cosa”. Su manera de comer leyendo muestra la falta de conciencia plena, el “tragar” tanto alimento como información sin procesarla. En nuestros días, esa misma actitud puede verse en la costumbre de comer mirando pantallas, donde el acto de alimentarse se combina con la distracción digital. Así como el Autodidacta confundía la acumulación de lecturas con auténtico conocimiento, hoy se confunde la acumulación de información o interacciones con sentido vital. Ambos casos reflejan la misma evasión de la libertad: ocupar el tiempo en hábitos automáticos para no enfrentar la angustia de decidir qué hacer con la propia existencia.
En conclusión, La náusea de Jean-Paul Sartre no solo es una obra fundamental del existencialismo, sino también un texto de permanente vigencia. A través de Roquentin, Sartre muestra la crudeza del absurdo, la inexistencia de una esencia previa y la necesidad de asumir la libertad aun cuando esta se acompañe de angustia. El retrato de la mala fe y de las rutinas sociales revela cómo los individuos, en lugar de aceptar la responsabilidad de construir su propio sentido, prefieren refugiarse en hábitos mecánicos que simulan otorgar estabilidad. A casi un siglo de su publicación, la obra sigue interpelando al lector contemporáneo, ya que las formas de evasión han cambiado de rostro, pero no de fondo: lo que antes era la rutina burguesa o la compulsión del Autodidacta, hoy se refleja en la dependencia tecnológica y en el consumo acrítico de información. De este modo, La náusea no se limita a ser una novela filosófica de su tiempo, sino una invitación universal a enfrentar la incomodidad del absurdo y a convertir la libertad radical en una oportunidad de crear sentido en la existencia.

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