La pérdida de individualidad se representa muy claramente desde el título del libro, Nosotros. Para las personas que formaban parte del Estado Único no existía un “yo”. No existía la privacidad, y pienso que lo que hacemos de manera privada nos dota de individualidad, libertad y mundo interno. Todos vestían un uniforme igual y de un color tan neutro como el gris; nadie tenía un nombre, todos eran identificados por números. Considero que un nombre brinda incluso cualidades: desde que se nos asigna al nacer, trae consigo una carga que, queramos o no, influye en cómo nos ven los demás y en quiénes nos convertimos.
El hecho de que se les asigne un número en vez de un nombre también da a los ciudadanos del Estado Único una sensación de pertenencia y colectividad. Se sienten engranajes de una gran máquina, parte de la tonelada (la tonelada tiene derechos y el gramo deberes, y el único camino natural de la nada a la magnitud es olvidar que solo eres un gramo y sentirte como una millonésima parte de la tonelada). D-503, al inicio de la novela, estaba muy de acuerdo con esta idea de que no era un individuo, pero sobre todo, no quería serlo.
Una ciudad completamente de cristal le permite al Estado tener mayor control sobre “sus números”. Solo se les permitía correr las cortinas cuando iban a tener relaciones (algo también controlado por el Estado a través de los tickets). Todas las actividades que realizaban las personas dentro del Estado Único se volvían prácticamente públicas. Y esto me resulta muy interesante, porque el estar solo y tener privacidad ofrece la oportunidad de conocerse a uno mismo. (Precisamente las moradas extrañas e impenetrables de nuestros antepasados pueden haber sido la causa de que se originara aquella miserable psicología de jaula: “mi casa es mi fortaleza”).
La operación que realiza el Estado Único para extirpar la imaginación, dentro de la historia, se ve como un gran avance científico, ya que descubren la parte exacta del cerebro que permite imaginar y simplemente eliminan esa parte. Es como realizar una lobotomía. Los números que decidieron someterse a esa operación lo hacían con la esperanza de ser felices, porque sentir cosas como aspiraciones o sueños les hacía sufrir, y este procedimiento prometía felicidad. En este punto, considero que la operación, dentro de la historia, era algo literal —un procedimiento médico—, pero es muy fácil compararlo con la sociedad actual, donde sería algo más bien metafórico. De hecho, me recuerda al “suicidio filosófico” del que habla Albert Camus.
D-503 comienza a notar su diferencia respecto al resto de los números cuando ya no puede seguir su rutina como lo había hecho por años. Empieza a tener sueños por la noche y siente que su mente ya no sigue normas lógicas; lo compara con la idea de la √(−1). Todas las verdades y soluciones que ofrecía el Estado Único eran cuestiones lógicas, mientras que lo que comenzaba a experimentar era completamente contrario a esto y lo hacía sufrir.
El papel que juega I-330 en el despertar de D-503 es innegable. A partir de que él la conoce, se enamora, y eso lo lleva a un estado de enfermedad, ya que considera el amor como una enfermedad. (“Y una bomba jamás puede provocar compresión, jamás puede sorber un líquido… ya que esto sería técnicamente un imposible, algo ocurre realmente absurdo. De ello se deduce cuán descabellado, anormal y enfermizo es el amor, la compasión y otros tantos estados análogos que originan una compresión de este tipo”). A él se le forma un alma porque se enamora, y ya no siente ganas de obedecer ni de seguir rutinas con tiempos tan estrictos. Debe estar con otras personas solo con permiso del Estado, a través de un sistema tan frío e inhumano como solicitar un ticket.
Por momentos tuve mis dudas sobre si D-503 ama a I-330 o ama lo que ella le revela de sí mismo; de hecho, aún no sabría determinarlo. Lo que percibo más que amor es una enajenación por parte de él. El Estado Único consideraba peligrosa la pasión amorosa porque trae consigo ideas como la exclusividad o el deseo de O-090 de tener un hijo del hombre que ama, y eso supondría una amenaza para su sistema de organización.
Dentro de la novela, la subversión surge como consecuencia de sentir emociones como el amor, el anhelo o el deseo: esas mismas cuestiones que el Estado Único creía haber eliminado dentro de su sociedad. De hecho, quería llevar a cabo una conquista por medio de la nave Integral, el cohete que estaba construyendo D-503, con el fin de “liberar” a otras sociedades. Este propósito tiene un trasfondo claramente imperialista. El Estado Único quería expandir su control, pero la misma historia nos muestra que no muy lejos de las murallas verdes existían humanos que se resistieron.
El control totalitario del Estado Único se justificaba bajo la idea de que brindaba libertad y felicidad, aquellas que sus antepasados nunca habían alcanzado. Se consideraban una sociedad “evolucionada” que había desechado tradiciones que impedían el progreso.
Al inicio de la novela parece que el protagonista acepta como verdad todo lo que el Estado mantiene como verdad oficial, pero conforme enfrenta los sentimientos que surgen tras conocer a I-330, vemos que en realidad tiempo atrás ya había atravesado una crisis donde todo lo que consideraba ilógico lo invadía, y lo llamaba la √−1. Cuando todo se vuelve un caos, notamos que en realidad muchos números podrían estar pasando por la misma situación, porque no querían hacerse la operación para ser completamente felices. Esto revela que forma parte de la naturaleza humana convivir con lo ilógico.
Las novelas distópicas me gustan porque me permiten comparar la sociedad que presentan y la sociedad en la que vivo. Una de las cuestiones que más me llama la atención —y que tal vez suene banal— es el tema de los clean looks o el minimalismo. Ese tipo de modas no me atrae porque me hace sentir sin esencia, y creo que nos lleva a vernos todos iguales, como si lleváramos un uniforme gris. Pero claro, esa es solo mi opinión. En la sociedad actual se habla mucho de originalidad y de ser auténticos, sin embargo, aunque ese sea el discurso, la recompensa de aceptación y aplausos suele ir para quien encaja en el estándar. Entrar en ese estándar, precisamente, es perder la originalidad y la personalidad. (“De modo que, sin duda alguna y con absoluta certeza, uno está enfermo cuando siente su propia personalidad”).
Mientras leía, hubo un momento —aproximadamente a mitad de la novela— cuando D-503 va al doctor y le informan que se le ha formado un alma. Me llamó la atención que se hablara del alma como algo inexistente para las personas de esa época. Si bien el alma no existe de manera tangible, ellos la comparan con tener sueños, imaginación o sentimientos como el amor. Se hace también una comparación con los omóplatos: dicen que los tenemos porque nuestros antepasados tenían alas y ahora solo queda un vestigio. Evidentemente eso no es cierto, el ser humano nunca ha tenido alas, pero es una buena metáfora, porque igual que las alas, el alma sirve al hombre —metafóricamente— para volar.
El Estado Único considera peligrosa la imaginación porque es una forma de resistencia. Si puedes imaginar mundos distintos al que vives, llegará un punto en el que quizás quieras empezar a construirlos. Por eso valoro tanto el tiempo de ocio, leer un libro, llevar un registro de mi lectura, escribir un ensayo sobre lo que leí o compartirlo en mi blog o en un video de TikTok. Me parece un hobby, pero también una forma de resistencia.
El final de la historia es, como ocurre en la mayoría de las novelas distópicas, ni feliz ni triste: simplemente realista, acorde con todo lo que se plantea. Si el final no hubiera sido D-503 siendo sometido a la operación, mi experiencia de lectura habría sido distinta. Se siente un poco como una derrota, pero recordar que O-090 logró escapar y probablemente sobrevivió junto con su bebé equilibra la sensación.
La novela plantea que la libertad es algo que el ser humano siempre va a buscar, y que no es una cuestión irracional ni negativa, como el Estado Único quería hacer creer. Decían que quien tiene libertad puede cometer delitos, mientras que quien no la tiene no tiene esa posibilidad; pero, al fin y al cabo, la libertad es algo natural en el ser humano. Tal como lo muestra la historia, si se quisiera quitarle la libertad a alguien, habría que extirparle algo de su cuerpo.
Esta obra me hizo reflexionar mucho sobre mi propia libertad y valorar la oportunidad que tengo de encontrarme a mí misma y, de ese modo, ser libre. Creo que depende de cada persona la emoción con la que se quede al final de la historia; en mi caso, me deja una sensación de aceptación activa que reafirma mi proceder ético.

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