Indigno de ser humano de Osamu Dazai
—¿Yozo Oba era un hombre cómico o trágico? —Me pregunté a mí misma en voz alta, todavía medio adormilada, mientras trataba de mantener los ojos abiertos.
—Trágico que se disfrazó de cómico —concluí.
Dejé de luchar por abrir los ojos y los mantuve cerrados.
—No —dije un poco más fuerte y alargando la “o”.— Era cómico porque lo ridículo y “gracioso” a veces es doloroso, incómodo, lastimoso. Aunque algunos rían en voz alta de eso.
Me di cuenta de que el libro estaba a un lado de mí, que se había cerrado y ya no lo volvería a abrir porque lo terminé.
—¿Cuál sería el antónimo de Yozo? —me pregunté a mí misma con una curiosidad genuina.
Pensé un momento en las cualidades y defectos de Yozo y concluí que definitivamente el antónimo sería “confianza”. Él les causaba tanta desconfianza a los demás que nunca fue capaz de mostrarse a sí mismo sin una máscara. El momento que significó un quiebre definitivo para él fue cuando Yoshiko sufre un abuso a causa de la confianza que deposita ciegamente en los demás.
—La confianza tiene una esencia trágica —sentencié.
—Tal vez otro antónimo adecuado para Yochan sería “mujeres” —se escaparon las palabras otra vez de mi boca.
Tendría sentido que por eso sintiera cierta aversión hacia las mujeres: las sentía mucho más perceptivas, lo cual significa un peligro para las máscaras que él utilizaba con tal de no mostrarse.
Constantemente fingía sentimientos, ideologías o acciones. Actuó toda su vida.
Creo que muchos pueden pensar que la historia gira en torno a alguien que no sabe adaptarse a la sociedad. En realidad, yo creo que él sí se adaptó, porque creó todo un personaje que creía que encajaba con lo que socialmente se esperaba de él. El problema es que nunca lo sintió suyo.
—¿Si lo cómico es trágico, lo trágico es cómico? —me pregunté mientras me incorporaba con dificultad de la cama.
Yo creo que sí. Incluso hay momentos en los que me puedo burlar de mis propias tragedias. Al momento en que este pensamiento cruzaba por mi mente sentía un pequeño dolor al darme cuenta de lo lamentable que era lo que estaba pensando.
¿En qué momento sentiste que Yozo dejó de actuar… o nunca dejó de hacerlo?
—¿Cuál es el antónimo de máscara? —dije.
—Espejo, claro —aseguré mientras asentía con la cabeza.
En el espejo siempre me veo yo, pero lo que yo veo en el espejo no lo ven los demás; ya sé que suena ilógico, pero es real. En el espejo me reconozco como una otredad, pero esa es exclusiva para mí. Los demás también me perciben como una otredad, pero ellos ven una máscara que es conjunto de lo que yo muestro y de lo que ellos perciben.
Me da impotencia que los demás no me vean como yo me veo en el espejo. Constantemente me encuentro diciendo: “Yo soy X” y los demás me responden: “No, eres Y”.
—Debería platicar esto con alguien más y no conmigo misma —casi sin terminar la oración, porque un suspiro me interrumpió.
Estaba sentada al borde de la cama, recorriendo mi habitación con la mirada, cuando me surgió preguntarme:
—¿Las puertas son cómicas o trágicas? —dudé por un momento, luego, segura de lo que me diría, aseveré fuertemente—. Son trágicas, por supuesto.
Ya sea abierta o cerrada, una puerta hace que tu corazón dé un vuelco, sobre todo si es un lugar que no conoces: no sabes lo que te encontrarás cruzando el umbral.
Puede ser un lugar agradable o desagradable, iluminado o en penumbras. Si no cruzas la puerta, la puedes usar como una ventana simplemente para ver lo que hay dentro.
A mí me emociona, pero también me aterra cruzar puertas. Ahora imagina una puerta cerrada: es muy trágica esa simple imagen.
La verdad es que esta puerta, en este momento, me está protegiendo de tener que compartir estas palabras con alguien más, porque, aunque anhelo hacerlo, también me da miedo la violencia que eso significa.
Verse a través de los demás es violento. Ver a los ojos a alguien es muy osado. Compartir ideas con otros es una actividad que disfruto, pero me da miedo, casi como lanzarse en un paracaídas.
—Aun así, no me siento indigna de ser humana —lacónicamente concluí.
—¿La dignidad humana es cómica o trágica? —me pregunté con un dejo de miedo en mi voz.
Después de un rato respondí:
—La dignidad humana es cómica.
Aunque alguien haga cosas que lo hagan considerar moralmente indigno de la humanidad, no hay nada que pueda negar su naturaleza como ser humano. Si la humanidad fuera enteramente buena y en algún lugar remoto surgiera un ser malvado, ese sería indigno. Sin embargo, somos mucho más complejos que eso.
Por eso, si pensamos en que alguien es digno o indigno desde una perspectiva moral, se convierte en un concepto muy cómico.
Yozo Oba era trágico por la autodestrucción que lo caracterizó. Se destruyó porque no encontró una máscara con la cual se sintiera cómodo él mismo. Tal vez le faltó verse al espejo más seguido y comprender que, al final, el problema no es la máscara, sino que cada uno ve algo distinto cuando la mira.

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