La señora Dalloway de Virginia Woolf
El cómo transcurre el tiempo dentro de la narrativa de Virginia Woolf es algo que se siente tan fluido, es tan natural cómo empieza y termina todo. Los acontecimientos se van presentando y dentro de ellos se va deslizando un hilo de pensamiento que le va dando forma a la historia y que es el sentido de la lectura. Este fluir del tiempo ya lo había sentido cuando leí Las olas, también de Virginia Woolf, pero en Las olas, al inicio de cada capítulo, se describía un momento del día que coincidía con la vida de los protagonistas; por ejemplo, en la niñez era el amanecer. Acá eso es mucho menos marcado, pero también muy visible.
Aquí es muy interesante cómo dialoga el paso del tiempo externo —por ejemplo, las campanadas de Big Ben— con el tiempo interno de los personajes. Como todo gira alrededor de la preparación de la fiesta de la señora Dalloway, que al final termina siendo el momento donde más claramente los caminos de todos se juntan, aunque a lo largo del día ya se habían visto por fugaces momentos.
En este relato el día se siente como algo inevitable: el tiempo sigue transcurriendo para todos y hay momentos que hacen que cada uno se sumerja en pensamientos tan trascendentales que contrastan con lo cotidiano de las acciones que están llevando a cabo, pero también esa cotidianeidad los saca de las profundidades de sus pensamientos y continúan dando vuelta sin parar.
Todos los personajes utilizan mucho el recurso de recordar; tal vez es por eso por lo que, aunque sea una novela tan corta, yo siento a los personajes tan profundos, porque veo lo que están pensando y lo que recuerdan, y cómo eso contrasta también con quienes son actualmente y con las decisiones que los han llevado a estar donde están. Pareciese que durante toda la novela todos se cuestionan quiénes son y por qué están en los lugares en donde se encuentran. Algunos están algo arrepentidos, pero inmediatamente racionalizan sus decisiones y se conforman con ellas, y hay otros que se sienten completamente víctimas.
Si hablamos, por ejemplo, de la protagonista, es la señora Dalloway mientras camina por Londres y organiza su fiesta y hace que el mundo gire a su alrededor, pero es Clarissa cuando recuerda su juventud y su vida antes de casarse.
El percatarse de ese día que ya no era tan joven como antes le hizo recordar muchas cosas de su juventud y, aunado a eso, Peter la visita después de tantos años. Pareciese que esas cosas tan cotidianas le dan la oportunidad de abrir una puerta a algo más; el inicio puede ser el recordar algunas cosas y cuestionarse otras. Por ejemplo, cuando se cuestiona su decisión de terminar su noviazgo con Peter y regresa a ella la sensación que le dejaba estar con él, porque siempre se sentía juzgada, incomprendida, superficial e incluso tonta. Sin embargo, lo amaba profundamente, a pesar del carácter de Peter y de que nunca se sintió completamente comprendida por él tampoco.
Sin embargo, su fiesta se presenta como un ancla en la realidad y le impide que se sumerja del todo en esos recuerdos y pensamientos. Los preparativos son un constante recordatorio de que tomó la decisión correcta al quedarse con Richard, porque le ha ofrecido una vida estable y feliz, algo que tal vez con Peter no hubiera tenido. La obsesión por esa fiesta y, en general, el empeño que pone Clarissa en cada fiesta en la cual es anfitriona se ve como un esfuerzo por evadirse, pero también por mostrarse como la señora Dalloway. Ella mantiene el equilibrio en su casa y en su mente al cumplir con lo que socialmente se espera de ella y siendo la mejor en su rol.
Siento que últimamente no puedo evitar que el tema de la libertad se cuele en estas reflexiones que hago al terminar un libro. Pero también lo veo muy claro en esta historia. Clarissa es lo más libre que puede ser una mujer en ese momento histórico en el que se desarrolla la novela. Tomó la decisión que ella consideraba correcta al casarse con Richard porque le brindó cierta libertad, aunque parezca que no: le dio estatus —algo muy importante en ese momento— y le permitió ser el centro de algo que, en este caso, es su casa y sus fiestas. Puede parecer que Clarissa es una mujer superficial, pero no lo creo. Sin embargo, como a todos, le pesa tomar decisiones porque significa renunciar a algo, y ella renunció a algo que quería mucho: Peter. Tal vez con él no hubiera sido completamente feliz, porque Peter era un hombre que constantemente la subestimaba intelectualmente.
Pero no solamente para Clarissa el pasado irrumpe en el presente, también para Peter, que acaba de regresar de la India y ve la ciudad tan cambiada, con tantos contrastes. Se encuentra con una sociedad completamente distinta a la que era cuando se fue y sigue recordando con muchísimo dolor el momento en que Clarissa lo dejó. Cuando se vuelven a ver, pareciese que incluso hay un sentimiento de decepción porque se ven envejecidos, pero siguen siendo los mismos, incluso siguen teniendo las mismas manías y formas de moverse, de hablar, de ser.
El pasado irrumpe como una ola en el presente de los personajes.
En los recuerdos de Clarissa parece que existe mucha nostalgia hacia quien era ella en su juventud y también un tanto de resquemor hacia Peter por no haber sido el hombre que ella quería. Extraña ser Clarissa y no ser solamente la señora Dalloway, aunque eso no implica que quiera renunciar a ser la señora Dalloway.
De manera muy especial, Peter Walsh y Sally Seton significan en la vida de Clarissa aquello a lo que ella renunció para ser quien es actualmente. Son dos personas a las que amó, tal vez de forma distinta: a Peter de manera más romántica y a Sally desde una parte más libre, más inesperada, pero incluso más personal, porque la misma Clarissa define el beso que tuvo con Sally como el mejor momento de su vida.
Ellos son lo que Clarissa perdió al elegir una vida “segura”. Por eso, cuando los recuerda, hay nostalgia y por momentos también algo de arrepentimiento, aunque no me dio la impresión de que fuera un arrepentimiento profundo que le provocara un malestar mayor. Sin duda es algo que ella quisiera ignorar más de lo que puede.
Hay un momento donde Clarissa dice que tiene una teoría: para conocer a una persona tienes que conocer a las personas más importantes para ella y ciertos lugares. Creo que para conocer a Clarissa habría que conocer precisamente a Peter Walsh y a Sally Seton.
El deseo en esta novela es algo más recordado que vivido. Incluso me atrevería a afirmar que también es más imaginado que vivido. Esto se ve claramente en la escena donde Peter ve a una joven bella y empieza a seguirla por la calle; todo termina cuando ella llega a su destino y entonces él se da cuenta de que en realidad no pasó nada, pero imaginar lo que podría pasar le dio, en ese momento, algo de sentido a su vida.
Dentro de la novela hay otra historia paralela: la de Septimus. Es muy curioso, porque Clarissa y Septimus dialogan, aunque nunca se encuentren. Dialogan siendo la antítesis uno del otro. Clarissa eligió una vida donde nunca tendría que enfrentarse a lo que se enfrenta Septimus ese día. Él es un veterano de guerra que ha visto atrocidades y, además, tiene un trauma por la muerte de su amigo Evans; empieza a escuchar voces y a no distinguir lo que es real de lo imaginario.
Septimus representa, en el mundo que habita Clarissa, aquello que hay que evitar a toda costa: lo que se sale de las normas sociales, lo indeseable. Es, sin duda, una enfermedad mental, algo que nadie quisiera padecer. Para Clarissa, la aceptación social y el sentirse en el centro y con las riendas de la situación es vital; para Septimus eso había pasado a último término, porque estaba padeciendo un dolor psíquico profundo y la incomprensión social aumentaba ese dolor.
El que la novela se narre a partir de un día normal y cotidiano les da a las convenciones sociales un papel central en la vida de los personajes. Desde mi perspectiva, Peter tuvo una buena vida, sin embargo, socialmente era visto como un fracasado porque no tenía un puesto importante dentro del gobierno, había vivido mucho tiempo en la India y regresado “sin nada”, además de haberse casado y divorciado, y ahora buscaba casarse con una mujer que tenía dos hijos y era esposa de un general. Desde la juventud se veía que Peter iba a tener un futuro así, y creo que esa es la razón por la cual Clarissa no quiso casarse con él: ya había vislumbrado ese futuro.
Es curioso cómo la fiesta representa un punto de conexión social, pero al mismo tiempo funciona como una máscara para Clarissa. Por eso, cuando algo se salía mínimamente del guion, le causaba gran estrés. Era una máscara eficaz, y por eso cuando Peter sí asistió a la fiesta le causó tanta incomodidad: ella sabía que Peter podía ver que estaba siendo falsa con los demás. Él la conocía lo suficiente como para notar que estaba exagerada e hipócrita con todos.
En esta novela también se toca un tema que siempre me ha hecho ruido: la soledad. Pareciese que en esa sociedad era muy mal visto estar solo; sin embargo, todos se sentían solos. La cuestión no era sentirse solo o no, sino no aparentarlo. Yo, que soy una persona muy solitaria, sé que lo que pesa no es la soledad, sino el juicio sobre ella.
Pareciese que los temas centrales de la novela son la mente, la sociedad y la libertad. Agregaría también el amor, aunque creo que está contenido dentro de la libertad.
El dolor psíquico de Septimus está profundamente ligado a la mente y a cómo las experiencias externas moldean nuestros pensamientos y percepciones. Su muerte fue inesperada para mí, porque tuvo un momento de lucidez antes de morir: volvió a ser el Septimus de antes, bromeó e hizo reír a su esposa. Ese instante de lucidez es un gesto de amor final: Septimus vuelve un momento para no dejarla completamente sola antes de irse.
Rezia, la esposa de Septimus, es un personaje muy interesante porque refleja también, de forma bastante contrastante, los temas que se abordan en la novela. Por ejemplo, ama profundamente a Septimus; sin embargo, no comprende por lo que está pasando. Ella simplemente quiere que él vuelva a ser como era antes, y el que sus cuidados no le ayuden la hace sentir impotente. Sin embargo, también carga con algo mucho más que los cuidados de su esposo: carga con los médicos, que pareciese que no ayudan en nada a Septimus con la enfermedad, y, para terminar, con la incomprensión social hacia su marido.
Pero, sobre todo, ella era para Septimus lo que para Clarissa eran sus fiestas: un ancla, o un puente, a la realidad y a la sociedad. Así que ese momento en el que Septimus vuelve a bromear y a estar en el aquí y el ahora con Rezia es profundamente conmovedor y refleja mucho amor de parte de los dos. Luego, en menos de media página, se arrojó por la ventana y murió. Eso me sacudió mucho.
Después de la muerte de Septimus, el segundo momento que más me impactó fue la reacción de Clarissa. El doctor Bradshaw y su esposa llegan tarde a la fiesta y explican el motivo. A Clarissa le incomoda tanto el tema de la muerte que se siente ofendida de que se hable de ello en su fiesta. Ahí se siente como si viera la muerte como una liberación, pero pensar en liberarse la incomoda profundamente.
La escritura de Woolf se siente como una corriente de agua que fluye de manera tan natural que es casi imposible no dejarse llevar. Hubo muchos momentos en los que sentí que estaba leyendo mis propios pensamientos. Me identifiqué mucho con lo contemplativo de Peter Walsh; tal vez por eso no quiero que me consideren un fracasado, aunque quizá lo sea. Las personas que pasamos tanto tiempo pensando tendemos a no actuar, como si quisiéramos ahorrar energía para seguir pensando.
Esta lectura me deja la certeza de que todo pasa, incluso lo que parece una gran tragedia. Todo se convierte en recuerdo y, aunque eso nos moldea, no termina con nosotros:
“¡Fue terrible! —gritó Peter—. Terrible, terrible. Aun así, el sol seguía calentando. Aun así, todo se supera. Aun así, la vida suma un día tras otro.”
Sé que en mi vida hubo personas que aún me definen y que, si las vuelvo a encontrar dentro de diez años, seguirán siendo las mismas, solo más viejas. Me quedo con la idea de que los vínculos nos definen no por sí mismos, sino por lo que recordamos y por lo que decidimos hacer con ellos, incluso cuando elegimos alejarnos.
Creo que La señora Dalloway es una novela que narra la vida cotidiana, pero que quiere hablar de lo que se esconde debajo.