Una habitación propia de Virginia Woolf
¿Qué opciones te brinda o te da el hecho de tener una habitación propia? Una sola habitación, un espacio, una pieza. Podría incluso dirigir mi imaginación hacia algo mucho más grande, como tener una casa propia, pero tener una casa propia significa tener acceso a distintos lugares y espacios dedicados a actividades distintas. Pero ¿qué actividades realizas en una habitación aparte de dormir? Cualquier cuestión que venga a mi mente referente a esa pregunta son actividades en las que requiero un tanto de intimidad.
Antes de comenzar a leer Una habitación propia de Virginia Woolf yo sabía que era un libro sobre las mujeres y la literatura. Yo soy una mujer que escribe y, si bien estoy viviendo muchos años después de los que vivió Virginia, entiendo y me duele la situación que ella describe en este ensayo. Todos nos lamentamos la pérdida de la biblioteca de Alejandría; supongo que duele porque era algo valioso que existía y dejó de existir. Pero de manera personal también me duele lo que ni siquiera pudo existir, pero había potencial: y es lo que muchas mujeres pudieron narrarnos a través de su literatura.
El extracto que dice:
“El mundo no le decía a ella como les decía a ellos: ‘escribe si quieres; a mí no me importa’. El mundo le decía burlonamente: ‘¿Escribir? ¿Para qué quieres escribir?’”.
Fue tan real porque incluso actualmente escribir cuando se hace como un pasatiempo es algo ridiculizado. Si alguien se atreve a auto llamarse escritor se le considera tonto. Actualmente pareciese que ser escritor se valida únicamente si tienes éxito y libros publicados. Pero es que además lo que es escrito por mujeres es completamente invalidado porque creen que las mujeres solo escribimos cosas sumamente sentimentales. Bueno, la cuestión es que, si así es, no le veo lo malo.
La mirada femenina me ha salvado muchas veces: en la literatura, en la música, en el cine; pero también en la calle, en la escuela, en el trabajo, en mi casa. Yo quiero saber lo que las mujeres opinan siempre, quiero saber cómo ven la vida. Y quiero leerlas siempre.
Sé que muchas personas leen este ensayo de Virginia Woolf como teoría feminista y entiendo por qué lo hacen. Hoy, de hecho, creo que mi primera intención al acercarme a este libro era también esa, pero debo confesar que al final terminó siendo una lectura mucho más íntima. Sobre todo, sentí varios jalones de oreja cuando decía que las mujeres muchas veces vemos fragmentada nuestra voz en lo que escribimos porque queremos escribir como los hombres. ¿Cuántas veces me he avergonzado de lo que he escrito?
Yo no escribo ni la décima parte de lo bien que me gustaría hacerlo, pero no voy a llegar a hacerlo si sigo avergonzándome tanto.
Yo tengo una habitación propia que es literal; ahí escribo esto que estoy escribiendo en este momento. También desde esa habitación trabajo, lo cual me permite tener una habitación propia en el sentido económico. Antes las mujeres eran sumamente pobres, y no porque no quisieran trabajar sino porque no tenían oportunidades de hacerlo. Yo, dentro de mis limitaciones, puedo hacerlo. Tal vez lo único que me falta construir es una habitación propia que sea mental y un espacio seguro para escribir. Este blog donde publico mis conclusiones sobre lo que leo es una habitación propia simbólica que he construido poco a poco y apenas está en sus cimientos.
Las dos condiciones que Woolf plantea —dinero y espacio— siguen siendo sumamente necesarias para cualquiera que quiera escribir o dedicarse a cualquier actividad artística. Yo actualmente agregaría otra condición: el tiempo. Cumpliendo con estas tres cuestiones alguien puede consagrarse a explayar su creatividad libremente y crear representaciones de la vida a través de palabras, música, pintura o imágenes.
Y es que incluso las personas que vociferan constantemente que el arte es mal pagado porque es algo innecesario son las personas que constantemente están escuchando música o consumiendo cine. ¿Qué sería de sus vidas si se les negara este tipo de expresiones?
Abrir el aspecto creativo de la mente requiere de un entorno físico que no afecte la capacidad de pensar. Y esto me atrevo a decirlo con mucha certeza porque lo he visto. Yo tengo un espacio que podría considerar adecuado para escribir, pero lo construí —debo admitirlo con algo de vergüenza— no para escribir sino para trabajar. Siempre había querido escribir, pero nunca me había dado la oportunidad de hacerlo porque yo misma lo consideraba algo a lo cual no valía la pena dedicarle tiempo. Pero una vez que las condiciones estuvieron dadas, no pude resistirme y empecé a escribir.
Judith Shakespeare, de haber existido y tener las mismas habilidades creativas y cognitivas que su hermano William Shakespeare, habría terminado suicidándose. Sí, esta hermana de Shakespeare es imaginaria, pero es un ejercicio estupendo que nos propone Virginia Woolf en el ensayo porque te permite comparar las condiciones a las que eran sometidos hombres y mujeres en ese tiempo. Todos sabemos quién es William Shakespeare; todos podemos mencionar, aunque sea una sola obra de él. Nunca he escuchado a nadie que dude de su talento. Pero si hubiera tenido una hermana con sus mismas habilidades, pero con la diferencia de que era mujer, el destino de ella hubiera sido completamente distinto: condenada a huir de su casa si no quería contraer matrimonio, viviendo en condiciones sumamente precarias y de pobreza porque ese era el destino de las mujeres solteras, no habría tenido más opción que suicidarse.
Y eso nos abre a la posibilidad también de pensar en cuántas voces femeninas nunca tendremos la oportunidad de leer porque nunca tuvieron la oportunidad de existir. Y esto también me lleva a pensar en las autoras que yo sí he tenido oportunidad de leer últimamente, algunas muy contemporáneas como Cristina Rivera Garza y Fernanda Melchor, a través de las cuales he podido ver distintas caras de la violencia en mi país, pero también autoras como la misma Virginia, de la cual amo su mirada de lo cotidiano. Ellas han escrito como mujeres y eso me hace poder leer como mujer, por eso es por lo que me gusta tanto la literatura femenina y ahora lo entiendo.
Creo sobre todo que han logrado escribir con una “mente andrógina”, que es un término que plantea Woolf dentro de este ensayo, donde menciona que es fatal que la mujer solo sea mujer y el hombre solo sea hombre porque eso limita nuestra visión del mundo. Creo que es una visión bastante sana porque nos permite estar abiertos en términos creativos.
Actualmente se han puesto de moda esos términos de energía femenina y masculina y hablan de que incluso haber perdido esto es una consecuencia de las problemáticas que existen actualmente. Se nos culpa principalmente a las mujeres de adoptar posturas más masculinas y que es por eso por lo que los hombres han construido una masculinidad más violenta o hay quienes dicen que han perdido su masculinidad. La verdad ese tipo de ideas me suenan completamente absurdas, otro tipo de violencia misógina.
El sistema nos tiene frecuentemente enojados a hombres y mujeres; tal vez eso nos hace renunciar a tener una “mente andrógina”. El enojo nos hace renunciar a una de las dos partes, pero es un mecanismo de supervivencia. Estamos enojados como estaba la sociedad de Virginia Woolf después de la guerra y de la violencia que se vivió; hoy eso no ha cambiado.
Woolf también hace una crítica hacia el resentimiento con el cual escribían muchas mujeres que lograban escribir en ese entonces. Ella decía que ese resentimiento limitaba. Yo no estoy al 100% de acuerdo con esa afirmación. Yo creo que el resentimiento en muchos contextos es inevitable. Si plasmamos en la literatura la realidad, y en la realidad hay condiciones que nos hacen sentir violentadas y por lo tanto resentidas, tenemos que plasmarlo; es casi una responsabilidad. Pero también le doy la razón, porque como ella mencionaba, toda la literatura escrita por hombres acerca de las mujeres estaba llena de resentimiento y odio. En esos casos ya no se estaba plasmando la realidad; más bien se estaba manipulando.
La libertad a mí siempre me ha llevado a reflexionar sobre otros temas, pero especialmente hablando de la actividad de escribir creo que escribir es un acto de libertad, una consecuencia de ser libre. Por eso, para escribir primero necesitas ser libre y muchas veces esa libertad te la da un espacio y un sustento económico.
Me gustó mucho la ironía desde la cual escribió Woolf casi al final del texto cuando se disponía a dar una arenga. Esas últimas palabras llegaron directamente y me invitaron a muchas cosas, pero sobre todo a escribir. Me recordó la postura que tienen muchos hombres frente a las mujeres y me gustaría decir que actualmente ya no es así, pero estaría mintiendo. Así que al recordar esa visión masculina no puedo hacer nada más que no olvidarla.
Virginia es sumamente lúcida en este ensayo. No pensó en estas cosas únicamente para escribirlas, sino que las veía constantemente; estaban en su día a día, eran parte de su realidad. Creo que ella reconocía su privilegio e hizo algo magnífico con ello, que fue escribir como mujer libre, tomar posturas, distintas perspectivas enriquecedoras, crear personajes masculinos y femeninos dándoles un trasfondo profundo y humano.
Ella me invita a ser una escritora justo como ella lo fue, así como lo acabo de describir en el párrafo anterior. El mundo en el que ella vivió es muy distinto al mío, pero hay cuestiones esenciales que no cambian, y es justo en esos vértices donde me he encontrado con ella.
Inicié escribiendo esto con una pregunta en la mente: ¿Qué opciones te brinda o te da el hecho de tener una habitación propia? Y yo creo que una habitación propia te brinda precisamente eso, opciones. Desde tu privacidad y soledad, tu genialidad se puede ir desbordando libremente.

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